El dinero desde la Jiménez con Séptima

Para entender el dinero no hay que darle la vuelta al mundo o viajar en el tiempo, basta con mirar con detenimiento lo que nos rodea en la esquina de la Avenida Jiménez con Carrera Séptima en el centro de Bogotá. Les comparto una panorámica bajada de Google de hace unos años con un par de rectángulos rojos alrededor de personas, instituciones y objetos que nos ayudarán a entender que el dinero es una construcción social, que surge más de nuestras interacciones humanas que de algún material escaso del universo.

El dinero no hay que forjarlo con magma

En el rectángulo rojo que está más a la derecha hay un grupo de personas hablando. No lo sé con certeza pero pueden ser negociantes de esmeraldas. Cuando trabajaba cerca, muchas veces pasé al lado de personas que hablaban de estas pequeñas piedras verdes mientras las sostenían en papeles blancos doblados como el cuidado del origami.
Sabemos que las esmeraldas son escasas, incluso más que los diamantes, y que se les da gran valor alrededor del mundo. Los egipcios, incas y aztecas las consideraban especiales. Pero no son buen dinero. No es fácil saber cuánto vale una pequeña piedra porque cada esmeralda es única. No las podemos agregar en una de mayor valor, y sería pésima idea tratar de usarlas para comprar una almojábana.

El dinero no hay que bajarlo de las estrellas

Tal vez exageré que se pudiera hacer dinero con piedras preciosas, pero este ejemplo extremo nos ayuda a entender los retos del siguiente grupo que sí tienen una larga historia en la tecnología del dinero: los metales preciosos como el oro y la plata. Hay algunos que incluso consideran que esta es la forma natural del dinero.
Volviendo a la foto, en el rectángulo rojo que contiene un pedazo de un taxi amarillo está la estación de Transmilenio llamada Museo del Oro. Nuestro museo emblemático está lleno de objetos de gran valor cultural y artístico, cada uno de los cuales vale más que su peso en oro. Pero, tal vez para la tristeza de algunos con una visión romántica de un metal amasado por la colisión de estrellas, voy a argumentar que ni el oro, ni cualquier objeto hecho con él, son un buen dinero.
España llegó a las Américas buscando El Dorado pero en Bolivia encontró el Cerro Potosí, que resultó igual o más valioso. Esta loma piramidal fue la mina más grande del mundo por un par de siglos, llegando a ser hasta 60% de la producción mundial del metal. Tan importante como haber encontrado este metal escaso, es que los españoles lo estandarizaron en monedas, y usaron para comprar cosas al resto del mundo. España importó metal y exportó dinero.
Acuñar monedas con plata no fue una innovación tecnológica ibérica; el uso de monedas de oro y plata es anterior a los griegos. Por ejemplo, la palabra dinero viene del denario, una moneda romana de plata. Puede que el metal en el que estaban hechos los denarios explique una parte de su valor, pero la estandarización de su producción y los perfiles de ilustres en bajo relieve son ingredientes cruciales para que cualquier moneda sea dinero, en particular para que sea un buen medio de pago.
Fue tal la cantidad de metal que se extrajo en Potosí, que se desinfló una loma en las Américas, y se produjo inflación monetaria en varios países de Europa. Con ello aprendimos que el exceso de dinero – aún si está respaldado enteramente en metal – frente a una oferta fija en el corto plazo de bienes y servicios puede causar un aumento sostenido y generalizado de precios.
Cerro de Potosí, Bolivia
Dice un poema de la época que el dinero nacía en las Indias honrado, iba a morir a España y en Génova era enterrado. En cierta forma los monarcas católicos crearon el primer dinero global. (Dibujo de dominio público de A.Skromnitsky)
En lo que no sería la primera ni la última vez (y puede hasta que este sea el caso más común para la introducción de un nuevo dinero) las nacientes colonias norteamericanas respaldaron algunas de sus monedas de papel en monedas españolas de plata. El símbolo de $, que hoy representa el dólar, está derivado de la abreviación de pesos pS en las respectivas monedas. Entonces la forma más exitosa de dinero actual, que es el billete de dólar de los EE.UU. debe su origen en parte en la confianza ganada por el dinero internacional de un imperio ya en decadencia.
Ha sido tal el éxito de las monedas como dinero, que seguro hay alguna en un cajón cercano o bolsillo. Si te pusieras creativo y las fundieras lo que te darían por el metal sería mucho menos que el número que está estampado en ella. Las monedas metálicas son un excelente dinero para comprar almojábanas, no porque estén hechas de un metal precioso o uno útil, tampoco sólo por lo que está dibujado o escrito en bajo relieve. Podemos comprar amasijos con monedas porque hemos creado un complejo acuerdo social y legal alrededor de ellas y, con o sin consciencia de él, la panadera confía que ella a su vez las podrá entregar a otro para comprar queso y harina.

El dinero vale mucho más que el papel en el que está escrito

En la foto hay un rectángulo con un carro blindado. Puede ser que se dirigía al Banco de la República, que es el edificio a la izquierda y la máxima autoridad monetaria en Colombia. Es tan importante este rol que le hemos otorgado independencia especial a esta entidad pública en nuestra Constitución. En términos sencillos nuestro banco central tiene el monopolio sobre la emisión de la moneda de curso legal. Ninguna otra persona natural o legal puede crear representaciones físicas del peso colombiano. Nuestro banco central acuña las monedas, imprime los billetes y pone a circular ambos con la ayuda de bancos comerciales a través de sucursales y cajeros automáticos. Al entregar billetes o monedas, en cualquier combinación o denominación, cumplimos con cualquier obligación que esté denominada en pesos colombianos; lo que técnicamente llaman un poder liberatorio ilimitado.
Una función crucial del banco central es asegurar la equivalencia entre todas las formas del peso colombiano que este emite. Hasta hace unos años era posible ir a unas ventanillas del edificio de la Avenida Jiménez, y cambiar monedas por billetes y unos billetes por otros. Esta paridad y fungibilidad del dinero legal es crucial para el funcionamiento eficiente de nuestra economía. Aunque cualquiera que ha tratado de pagar una almojábana con un billete de 50 mil se dará cuenta que no siempre es así. El dinero de baja denominación es más útil que el de alta denominación, pero en términos generales el precio de un producto o servicio no cambia con la denominación de billetes y monedas con los que se paga.
Si las monedas modernas valen más que el metal que las compone, en los billetes esta diferencia es mucho mayor. De acuerdo con una estimación del mismo banco central, un billete de cien mil pesos, que es nuestra mayor denominación, cuesta 120 pesos producirlo: el valor nominal es unas 800 veces mayor que lo que cuesta hacerlo. La escasez de nuestro peso colombiano, no está en lo precioso de sus materiales sino en la disciplina de la política monetaria del Banco de la República que nos debe proteger, entre otros males, de la inflación que nos roba silenciosamente el poder adquisitivo al devaluar los coloridos pedazos de papel y discos metálicos en nuestros bolsillos. No queremos que nuestros billetes le hagan competencia a la paja como material de artesanías.
Nos parece relativamente inofensiva la tecnología de los billetes pero en su momento fueron una gran innovación en China. Los primeros billetes eran en la práctica recibos de un depósito de monedas. En vez de cargar bolsas pesadas de monedas, se dejaban en la custodia de alguna persona o entidad de confianza, y el recibo de ese depósito era lo que se usaba para pagar. Aquí vemos que los billetes se apoyaron en las monedas para volverse una nueva forma de dinero.
Esta innovación, que entre otros Marco Polo llevó de regreso a Europa, se extendió lentamente por el mundo hasta el punto que una buena parte del orden monetario actual está basado en prácticas, costumbres y leyes desarrolladas alrededor de esta forma física. Nuevamente apoyándome en la foto y mi recuerdo de los personajes que veía en la Jiménez con Séptima, en el lugar que está esa persona se solía hacer un profesional de cambio que tomaba el sol de la tarde con gafas oscuras y anunciaba su oficio con un abanico de billetes de diferentes países.
Este señor, otros similares y las casas de cambio que también vemos en varias partes de la ciudad, nos permiten cambiar pedazos de papel que representan la moneda de nuestro país por pedazos de papel de la moneda de otro país, ya sea para un viaje, una remesa o simplemente porque consideramos que los verdes con una pirámide y ojo en su punta guardan mejor nuestro poder adquisitivo. Y esa creencia generalizada que hace que el dinero más exitoso del mundo sea el billete de un dólar de los EE.UU. (foto de dominio público de  Benutzer Verwüstung)

Dinero en las nubes: el avance del mundo digital

El Banco de la República, cuyo mural de piedra sobre la agricultura y ganadería está en el rectángulo superior izquierdo en la foto, no sólo emite billetes y monedas, también emite pesos digitales; pero sólo para aquellas entidades financieras autorizadas para tener una cuenta en el banco central. Los ciudadanos de a pie no tenemos acceso a este dinero digital.
Nuestro dinero digital lo crean los bancos comerciales y otras entidades financieras similares. Estos pesos digitales son dinero privado que vive en una base de datos en Bancolombia, en una billetera digital de TPaga o una tarjeta de crédito de NuBank, por ejemplo. La gran mayoría del dinero actual es digital y no billetes y monedas. Esta tendencia, que se aceleró con la pandemia, es que cada vez una mayor parte de nuestra economía sea digital y transnacional y que para ello necesitemos también un dinero digital.
Aunque en este artículo apenas dimos unos pasos en la esquina de la Jiménez con Séptima, hemos pasado de esmeraldas, a oro, a plata, a billetes, y finalmente a ceros y unos en la nube. Cada vez hemos apalancado una nueva tecnología para hacer nuestro dinero más cómodo, y así soportar la creciente complejidad de nuestras economías internacionales y digitales. Cada vez que aprovechamos una nueva tecnología para el dinero hemos dependido menos de la escasez de un material del universo; con el dinero digital vamos en silicio, que es el segundo material más abundante en la corteza después del oxígeno.
Lo que le da valor a nuestro dinero es el acuerdo social que hemos construido, en parte sobre las nuevas tecnologías del dinero; en parte sobre instituciones probadas y pulidas a lo largo de cientos de años, como los bancos centrales y bancos comerciales; y en parte sobre los mitos y ecos de imperios y dineros que ya olvidamos y debemos buscar en Wikipedia.
El dinero, nuestros acuerdos sociales, seguirán evolucionando. Bitcoin y las criptomonedas nos han obligado a preguntarnos qué es especial del dinero moderno; nos hacen preguntarnos qué es especial de los bancos. Aún en 2022, todavía hay una porción significativa de los colombianos que no tiene acceso a servicios financieros básicos. Después de varias décadas el internet todavía no tiene un dinero digital nativo.
No pretendo adivinar cuál es el siguiente salto del dinero en este último párrafo pero sólo propongo que tengamos fé en nuestra demostrada flexibilidad para vivir simultáneamente con múltiples versiones del dinero en nuestros bolsillos: monedas de metal, billetes de papel, tarjetas de crédito plásticas y apps en teléfonos celulares basados en semiconductores de silicio. Lo importante es que nos vendan esa almojábana antes de que se enfríe.

Autor: Juan Camilo Gutiérrez – Consultor Criptomonedas

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